Cultura y despojo. Los pueblos originarios de la Cuenca de México
Palabras clave:
Pueblos originarios, Cuenca de México, identidad, urbanización, reivindicaciones, derechos históricosSinopsis
En el panorama político de fines del segundo milenio aparecieron las reivindicaciones de un movimiento formado por los Pueblos Originarios de la Ciudad de México, quienes hacían reclamos frente a la acelerada urbanización y a la devastación de sus recursos naturales, particularmente del agua, los bosques y su territorio. Si bien el nombre con el que se presentaban denotaba cierta ambigüedad, su identidad no dejaba dudas: son los pueblos antiguos que ocupan la Cuenca de México desde hace milenios y, transformados por el mismo proceso de urbanización, lograban definir un conjunto de reivindicaciones que incorporaban a la discusión política sobre el gobierno de la ahora Ciudad de México.
El núcleo del movimiento lo constituyen los pueblos de Xochimilco, Milpa Alta y Tláhuac, ocupantes antiguos de la Cuenca de México y poseedores de un saber sobre los bosques, el cultivo de milpa y, sobre todo, del complejo sistema chinampero, proveedor histórico de verduras, flores y maíz para los habitantes de la Ciudad de México.
¿Por qué emerge el movimiento de los Pueblos Originarios de la Ciudad de México precisamente en esta coyuntura? Sin duda la lucha de los pueblos indígenas mexicanos por el reconocimiento de sus derechos históricos ha incidido de diferentes maneras y se ancla en procesos concretos. Sin embargo, el proceso de expansión urbana continúa, así como también las agresiones contra los recursos de los pueblos originarios; al mismo tiempo, los pueblos mismos se han encaminado hacia una toma de conciencia sobre su especificidad cultural y los derechos que les corresponden. Así comienza a configurarse una historia desde la perspectiva de los propios pueblos, lo que nos revelará aspectos poco conocidos de la historia de los pueblos de la Cuenca, escasamente aludida en las historias oficiales.
Evidentemente la historia sigue viva en la cultura de los pueblos originarios de la Cuenca de México y adquiere una dimensión crítica como recurso para enfrentar los embates de la urbanización, expresada en los grandes consorcios inmobiliarios aliados con funcionarios venales. En este sentido, el conjunto de ensayos que componen este libro nos ofrece un panorama de la situación en sus manifestaciones contemporáneas, a partir de situaciones concretas, en algunas de las cuales los autores tienen un papel activo como actores y como testigos.
Este conjunto de ensayos aporta una serie de reflexiones sobre la compleja problemática planteada por la presencia de los pueblos originarios, presencia negada por mucho tiempo, pero que a partir de las grandes movilizaciones a lo largo de la segunda mitad del siglo XX ha llamado la atención de las autoridades gubernamentales, las que han opuesto una resistencia a su reconocimiento. La complejidad de la situación que viven los pueblos originarios a consecuencia de la agresiva urbanización, las medidas defensivas a las que recurren, han abierto un amplio campo para la acción política, tanto para su reconocimiento como para la negociación; pero sobre todo ha mostrado el gran desconocimiento que existe sobre sus características sociales y culturales, sobre sus historias, negadas por la historia oficial. En este sentido los ensayos que constituyen este texto son una invitación para seguir los pasos de estos pueblos, pero sobre todo para exigir su reconocimiento y la solución de los graves problemas que los aquejan. Hasta ahora estos pueblos han estado fuera de las historias oficiales, no obstante ser parte fundamental de los grandes procesos que constituyen a la nación mexicana. Así, creemos que contribuimos a indicar la necesidad de abrir el espacio a la historia de estos pueblos originarios y de los ingentes problemas que los aquejan.